
¡Saludos, Poloítas!
Escribo esto en la madrugada, así que no me queda mucho tiempo. No importa, el post de hoy será breve pero bieen movido.
Hoy hablaré de manga. Sí, esos monitos ojones y pervetidos que a todos nos gustaron en algún momento más o menos en la década de los 90. Pero no será de Hentai, así que no te emociones, Diávolo. Hablaré de manga de terror, en concreto uno del maestro Junji Ito. m
Si no les suena el nombre es que son personas normales y miembros funcionales de la sociedad, y tendré que explicarles si de hecho saben quién es, están más allá de cualquier esperanza, pero no está demás repasarlo.

Sí, este enfermito oriental es Juni Ito, ¿qué tiene de especial? Que escribe y dibuja historias que hasta a mí se me hacen perturbadoras, como ejemplo tomemos a Tomie, la historia de una colegiala perfecta, la cual provoca en todos los hombres una obsesión tal que les provoca matar a sus cometidores, y cuando al fin su harem decide matarla, descubren que siempre se regenera por más que le disparen o apuñalen. Su obra más conocida es sin duda Uzumaki, pero de ella hablaré en otra ocasión.
El manga del del que hoy vengo a hablarles es su otra obra maestra, se llama....

No, no es una forma erronea de escribir el nombre e nuestro ilustre editor local, sino una de las historias más jodidamente buenas que he leído. Les daré un breve resumen de por qué.
En Okinawa, mientras un tipo común llamado Toshida está en la playa con su novia Kaori, les llega un olor horrible, que no es producto de comer lentejas con puerco, sino de uno extraño pez con pies...sí, un pez con pies, con extrañas patas metálicas que lo imulsan a vagar por tierra y tubos conectados a sus agallas....

Ese es el principio del fin del mundo. Los peces aparecen en número cada vez mayor, siempre desprendiendo su olor pestilente, parecido a carne putrefacta, pero mucho peor. Al principio solo rondan siendo una molestia, y entonces viene la enfermedad. Como ratas que esparcen la peste, los peces-zombies-robots comienzan a propagar una enfermedad horrible que hace que los infectados se hinchen y llenen de pústulas, llenos como globos del gas apestoso, y constántemente expeliéndoloo, con sus tejidos deteriorándose a una velocidad alarmante, así como sus mentes.

Todo se va al infierno en Japón de un día para otro, y probablemente en el resto del mundo. Hay ya tanto gas que puede verse en el aire de las ciudades, el ejército y el gobierno ya no existen, y la gente sigue muriendo, o quizás no. Por todas partes hay extraños cuerpos mecánicos parecidos a los de los peces que esperan a que las personas mueran o se rindan para atraparlos y convertirlos en grotescas monstruosidades sin más objetivo que perpeturar el ciclo de infección.
Kaori está muriendo de la enfermedad, y mientras que Toshida parece ser inmune, su tío, un científico, empieza a enloquecer, realizando grotescos experimentos con los infectados. Todo esto nos lleva a una conclusión sangrienta y algo asquerosa, con muertes y muchas más preguntas que respuestas, las cuales, sinceramete no espero que responda nunca Ito.
El origen de la plaga nunca es explicado, y eso es otro punto a favor, pues es tan bizarra y misteriosa que así debe quedarse, aunque hay varias teorías razonables, como que está relacionada al infame Escuadrón 731, una unidad militar japonesa real, que durante la Segunda Guerra Mundial realizó toda clase de experimentos báraros relacionados a la guerra biológica en civiles Chinos vivos.
Como podrán ver, es una obra muy completa, la cual no deben perderse si son fans del buen terror. Nunca ha sido adaptada a otro medio, pero me gustaría verla en cine, sería una madre impresionante. El único pero que tiene, es que Ito quizo meter demasiados elementos, que al final no se aprovechan como deberían, por ejemplo, un circo donde la principal atracción son las montañas de cadáveres mecanizadas.
No los dejaré con las ganas de leerlo, así que aquí están los links, 100% funcionales y en español para su deleite.

Gyo Vol. 1
Gyo Vol. 2
Eso será todo por este Lunes, esperen más bizarrés la próxima semana, y quizás algo un poco más sustancioso. ¡Nos veremos!
