ESPERO QUE AL MENOS UNA PERSONA LEA ESTE POST.Saludos, gente, sé que estamos a mitad de puente vacacional así que espero poder robarles un minuto en su atareada agenda de webonés. Hoy no hablaré de algún personaje surgido en la época de bronce, sino de dos revitalizaciones ocurridas en esos años, comenzando con cierto Ricitos de Oro.

Thor siempre fue un héroe popular y con buenos autores trabajando en él, pero la verdad es que desde la salida de Jack Kirby de la serie no hubo nada destacado. Su gran renacimiento llegaría en 1983, cuando el escritor Walter Simonson tomó las riendas, auspiciado por el mismísmimo editor en jefe de Marvel, Jim Shooter. Simonson tenía ideas frescas para el título... y también ideas antiguas, porque su paso por la serie se caracterizó por combinar las grandes sagas cósmicas con revisiones a la mitología nórdica. No sólo escribió el cómic durante casi 5 años sino que dibujó la mayoría de los números siendo sólo a veces auxiliado por Sal Buscema que a partir de ahí adquirió un estilo muy similar al suyo. Durante este periodo hay que destacar grandes momentos épicos como la batalla de Thor contra la serpiente de Midgard, que en la mitología real era la destinada a matar al dios de trueno y que dio como resultado una pelea espectacular nunca antes vista en una historieta, narrada en una sola viñeta por página (se dice que fue la inspiración directa para que Dan Jurgens hiciera el último capítulo de la muerte de Superman).
También tuvimos la ahora clásica historia del Thor rana que es citada y parodiada con frecuencia, donde debido a un engaño de Loki, el dios del trueno se ve convertido a sí mismo en batracio y aún así consigue seguir siendo un héroe.
Creó un arco en el que nuestro héroe se vuelve frágil y tiene que recurrir a la armadura asgardiana de combate, que también se ganó un lugar en el cariño de los lectores, muchos de los cuales siguen pidiendo que en alguna ocasión vuelva a usarla.
Pero quizá por lo que más se recuerda el paso de Simonson en la serie es por ser creador en el número 337 de Beta Ray Bill, un extraterrestre cara de caballo (y como bien saben no es broma) cuya honestidad y valor son tan altos que fue capaz de portar el martillo de Thor y como recompensa a esta acción, con la cual el verdadero dios del trueno aprendió una lección de humildad, Odín lo premió con un martillo propio que lo convirtió en protector de su pueblo y eterno hermano de armas de Thor. Dato curioso: pese a su capacidad y valentía, Bill era considerado en su planeta natal una especie de Spiderman, es decir que la mayoría de gente le temía y odiaba, en su caso debido a su fealdad... ¡No te hablo a ti, Louie!
Por último, durante estos años Thor abandonó su personalidad del doctor Donald Blake, porque les recuerdo que por ese entonces se estableció que Blake jamás existió sino que todo el tiempo fue Thor bajo un hechizo del propio Odín y es hasta recientemente que se decidió revertir eso; durante ese tiempo asumió otra identidad como un trabajador de construcción y finalmente superhéroe de tiempo completo. La época de Walter Simonson es considerada una de las dos mejores de toda la historia de Thor, peleando el primer puesto con la de Stan Lee y Jack Kirby, así que es una lectura por demás aconsejable y se puede conseguir en la colección de masterpieces de Marvel en dos tomos, aunque advierto que no son baratos (por lo menos yo sólo los he visto en pastas duras).
Cambiando de tema, en 1981 el artista John Byrne fue asignado como autor completo del título Fantastic Four (ya había hecho unos números un par de años antes, pero sólo como dibujante), se trataba de sus mejores años como escritor y su arte no desmerecía tampoco, por lo que es considerada, al igual que lo que vimos con Thor, como la segunda mejor etapa del grupo, sólo detrás de la de sus creadores, Lee y Ditko.En su periodo a cargo del título, el cuarteto se mantuvo como una familia de superhéroes pero volviendo además a sus raíces de aventureros que exploran diversos mundos y realidades, siendo una de sus grandes sagas precisamente el viaje a la Zona Negativa. Byrne era un revolucionario y también un feminista declarado como ya había probado en su trabajo con los Hombres X donde las mujeres eran quienes más crecían y con los 4 Fantásticos no haría la excepción. Además de catafixiar a la Mole por She-Hulk como la fortachona de la agrupación, bajo su batuta Sue Storm, la Chica Invisible, abandonó esa infantil identidad para convertirse en la Mujer Invisible y lo que es más, demostró ser el miembro más poderoso de los 4 cuando, estando bajo el control del villano Psycho-Man derrotó con relativa facilidad a sus compañeros. Digno es de resaltar que el escritor tampoco tuvo empacho en mostrar temas más adultos, incluidos los sexuales, cuando estando en la Zona Negativa, el matrimonio Richards se trepa al guayabo bien a gusto (con todo y un ligero vistazo a las nalguitas de Sue, aunque fuera de perfil).
Y es durante ese sexo interdimensional que la Mujer Invisible se embaraza de su segundo retoño, aunque en un arranque de habilidad narrativa Byrne decidió que todo terminara con un aborto lleno de dramatismo y que involucró a todas las grandes eminencias científicas del universo Marvel (incluído el más grande conocedor de radioactividad, el Doctor Pulpo, como chingados no). En años recientes y como seguramente ya lo saben, ese aborto fue revertido y resultó que su hija, Valeria, estuvo perdida en el limbo, ahora sí nació y ya está con su familia.
Pero volviendo a donde estábamos Byrne no creó muchos villanos memorables pero sí se dió el lujo de explotar a todos los grandes ya existentes y revitalizar a algunos que habían pasado sin pena ni gloria, como Terrax (a quien él había ayudado a crear cuando era sólo dibujante del cómic). También con su revolucionarismo habitual, hizo un Doctor Doom muy creíble, que más que por ambición deseaba gobernar el mundo por considerarlo su derecho y el mejor camino para la evolución social; incluso, la Latveria de ese entonces era un país próspero y cuyos habitantes aprobababan el régimen del monarca (lo cual no significaba que no fuera malvado, porque sí lo era).
Por último destacar que fue cosa de Byrne el cambio de color en los uniformes de los Fantásticos, del tradicional azul claro y negro, al azul intenso con blanco. Tras la salida del autor el título se mantuvo más o menos estable pero con una tendencia a la baja que no se detendría hasta que cayó en la común mediocridad de los años noventa, pero eso será matería de un futuro post.Eso es todo por hoy, ya pueden irse a dar el grito y si es arriba de un catre que mejor. Mañana Post Bicentenario... aunque no sé de quién.