Saludos, gente. Cuando inició el nuevo reboot de DC Comics hace unos meses hubo varios cambios en las circunstancias y orígenes detrás de los héroes, pero en general se mantuvieron fieles a las personalidades que les conocíamos, salvo contadas excepciones y la más escandalosa de ellas fue la de Starfire.
Extraterrestre, miembro de abolengo de los Jóvenes Titanes en los ochenta y noventa, eterna enamorada y amante de Ala Nocturna, conocida por su apariencia sexosa y de una actitud bipolar que lo mismo era suave y romántica que una guerrera indomable.
Pero en su nueva versión post-reboot, podemos olvidar la parte amable y leal, porque ahora es incapaz de establecer lazos sentimentales con las personas, está hambrienta por relaciones carnales y parece olvidar con facilidad a cualquiera que no esté parado frente a ella. De inmediato se hicieron presentes las quejas por los cambios efectuados en ella, pero curiosamente la mayor parte de ellas no provenían de quienes amaban a la Starfire de los Titanes ochenteros sino de quienes pensaban que era un mal ejemplo para aquellos que crecieron con la versión animada de la serie Teen Titans. Y eso no me parece bien.
Quiero ser enfático en algo: no es mi intención defender la versión actual de Starfire, es bastante pobre y la serie a la que pertenece (Red Hood and The Outsiders) es una madre pensada sólo para adolescentes calenturientos, porque no pasa nada en ella aparte de asesinatos y cojederas. Pero que a mí no me agrade no le quita el derecho de existir, creo que hay lugar para múltiples versiones de un mismo personaje y que precisamente ahí radica el encanto de los cómics.
Es indudable que las series animadas y películas basadas en personajes de cómics atraen nuevos lectores y que las editoriales deben aprovecharlo, pero no se debe depender de ello para crear contenidos eternamente, porque a la larga es más una limitante que una ventaja. Tomemos como ejemplo a Batman durante la época de la vieja serie de Adam West, una de las más redituables que tuvo el murciélago en toda su historia... y una de las más irrisorias. El cómic comenzó a inspirarse en el programa en lugar de que fuera al revés dando como resultado historias por demás ridículas y si de por si eran los años en que los cómics eran satanizados con cualquier excusa y los editores se andaban con cuidado, pues llegaron a extremos de enfrentar a Batman contra los marcianos. ¿Y qué pasó cuando el programa de Batman decayó y muchos de los lectores que había ganado el cómic sólo por ser seguidores de Adam West se movieron a la siguiente moda? Pues que hubo que reconstruir al personaje de cero y ahí es cuando vienen los problemas.
Insisto, está bien tratar de jalar gente con golpes mediáticos e incluso, en algunos casos, las versiones animadas y cinematográficas llegan a ser tan buenas como las de papel y tienen aportes importantes, como Harley Quinn o los Hombres X de las películas que eran muy buenos. Pero es mejor que los guionistas no dependan de eso y, en cualquier caso, podemos conservar las multiples versiones, que para eso estaban los cómics de Teen Titans Go y Batman Adventures, donde los fanáticos de las respectivas caricaturas podían encontrar a los héroes que conocieron en la pantalla y, si los editores hacían bien su jugada, irlos jalando poco a poco a los demás cómics donde encontrarían versiones más adultas y complejas.
En resumen, en lugar de que los expertos se quejen de que DC está desperdiciando a los potenciales consumidores de la Starfire ñoña de la caricatura, mejor hay que recomendarle a esos fanáticos otras heroínas menos sexosas y calenturientas, pueden probar con los recopilados de She-Hulk de John Byrne, la Mujer Maravilla de George Perez o las series de Power Girl y Batgirl previas al reboot y entonces, quizá, cuando ya sean un grupo grande de consumidores de historietas, entonces sí puedan exigir que les regresen a la Starfire con la que crecieron. Cómo la ven.